EL VIEJO POETA

No has entendido nada, me dijo.
Ya basta de tantos árboles en otoño.
¿Acaso sus sombras cuando cae la tarde
te cubren con su capa melancólica
protegiéndote del frío inevitable?

Y ese mar alrededor de todo,
brillante como una baratija,
¿crees que alguien se detendrá a contemplarlo?

Céntrate en las cosas importantes:
la mujer que se quita su vestido lentamente,
el hombre que la observa
consumido por la lujuria.

Y que no falte el vino.
Deja que el vino te hable
cuando todos empiecen ya a dormirse,
enfrentados a sus temores
como soldados en una vieja guerra.

HOMBRES PASEANDO

He estado dando una vuelta por el parque.
El rocío nocturno había mojado la hierba,
las hojas de los árboles caían obedientes,
se quedaban en el camino de tierra
como huellas amarillas.

Me habría gustado verlas
haciendo el recorrido inverso,
subir de nuevo al árbol,
clavar sus uñas en las ramas.
Me pregunto qué ocurriría entonces,
si aun así nadie se pararía a mirar.

NOCHEVIEJA

Seguramente la fiesta estaba llena de gente.
La orquesta tocaba una canción tras otra,
los invitados reían y brindaban,
las copas se derramaban,
caían al suelo y se rompían
sin que nadie se inmutara.

Esto es todo lo que recuerdo:
Primero me asustó
la idea de mi propia muerte.
Después me senté en un sillón
desde el que se podía ver el viejo amanecer.
Por último un camarero me sirvió una infusión,
dijo que el pasado nunca podría alcanzarnos.

EL DIARIO

Abrí tu diario por una página al azar
y me quedé mirando
durante un rato, en silencio.

Apenas había un garabato,
la tinta enrabietada,
como después de un día largo.

Pero allí pude ver aquel atardecer en la costa,
perfecto, solemne,
tú y yo buscando algo en el horizonte,

tu pendiente perdido
o, quién lo podría asegurar ahora,
tal vez solo un barco en la distancia.

LA SOLEDAD

Miramos la noche
que pasa por la luz de las farolas.
El vecino del piso de arriba
sube el volumen del televisor,
como el agua del río
después de haber llovido.

Qué es esta soledad, me preguntas
dejando a un lado el libro
que estabas leyendo.

Ni siquiera yo lo sé,
pero han desaparecido muchas personas
y las cartas que llegaban de la infancia
se han perdido,
como árboles caminando
por un bosque nuevo.