BAJAMAR

El sol deja entrever algunas ideas,
su paso decidido hacia cualquier parte
antes de volver a empezar.

Las nubes hacen esfuerzos
por parecer únicamente nubes,
y no esos elefantes cansados
o esos dragones enfurecidos.

Refresca, a pesar de todo,
el verano se contradice una vez más.

Y nosotros, sentados en sillas plegables,
atamos pesos al mar.

Para que no se siga alejando, dices.

UNA VIEJA HISTORIA

El peregrino pasa,
escribe sus huellas en el camino de tierra,
el viento las borra
con sus manos pesadas.

El copista, poco después,
anota las huellas antes de olvidarlas,
coloca piedras sobre cada una,
observa el resultado satisfecho.

A la mañana siguiente
no quedan ni huellas ni piedras,
nadie sabe dónde está ahora el peregrino,
por dónde ha de llegar.

VISTA DESDE UN CAFÉ

No me creerías aunque estuvieras aquí,
pero todo lo que ahora estoy viendo
parece falso.

Incluso el sonido negro
de la máquina moliendo el café,
incluso las manos temblorosas
de la tímida camarera.

Lo único seguro es que aquellos hombres
están talando árboles y llorando,
como si de cebollas se tratara.

EL PARTE METEOROLÓGICO ESTABA EQUIVOCADO

Este no saber qué ocurrirá
nos mantiene alertas.
Por lo demás,
es un pueblo como otro cualquiera,
el cielo cubierto,
amenazando tormenta.

Solo un par de chicos en la calle,
pasan deprisa
envueltos en sus chubasqueros.
Y el ciego que vende lotería en la esquina,
dice haber visto algo,
pero no está seguro de qué.

ESTOY SEGURO, ES POR LA MAÑANA

El sol está listo para quedarse colgado
por un tiempo, es capaz de sostenerse por sí mismo
como el picaporte de una puerta,
la gente pasa y repite es otoño,
es hora de que la lluvia se concentre en caer,
en la calle hay aromas que no logro identificar.

Me gustaría saber qué decirte,
explicarte que aunque las cosas estén en su sitio
no todo tiene por qué tener sentido.
Lo que olvidamos, lo que perdemos
también encuentra su espacio,
o eso queremos creer.
Sigo buscando las palabras,
pero el armario está vacío.